martes , 23 enero 2018

Silencio, por favor: aprende cómo te afecta la contaminación auditiva


20/08/2015
¿Sabías que el exceso de ruido puede alterar diferentes funciones de tu organismo como el sueño y la presión arterial?

image001Imagen: Wikipedia

Las emisiones de CO2 o los derrames de petróleo en los océanos no son las únicas fuentes de contaminación en el mundo. El avance del ser humano en su conquista por el planeta ha tenido repercusiones de las que en muchos casos no somos ni siquiera conscientes porque creemos no percibirlas. Ese es el caso de la contaminación acústica o sonora, que por definición es el producto del conjunto de ruidos que son capaces de alterar el ambiente de una zona determinada.

En primer lugar, hay una diferencia entre sonido y ruido. El primero hace referencia a las vibraciones en el ambiente que pueden estimular el oído. El ruido, por su parte, es una “perturbación sonora, periódica, compuesta por un conjunto de sonidos cuya mezcla suele provocar una sensación sonora desagradable al oído”, de acuerdo con el Instituto Nacional de Educación Tecnológica de Argentina. La contaminación entonces se produce cuando el ruido es excesivo o se va acumulando, superando los niveles de tolerancia de quienes están expuestos a él.

Hace algunos años, por ejemplo, un informe publicado por la International Fund for Animal Welfare (Ifaw) alertó sobre la muerte de los mamíferos marinos en los océanos como respuesta a la contaminación sonora producida por el ser humano. Una de las consecuencias del ruido generado por buques, la maquinaria utilizada en las exploraciones de petróleo en alta mar o el sonar naval, entre otras fuentes de contaminación, afectan directamente la reproducción en algunos animales que se comunican con ondas de baja frecuencia o incluso les impide alimentarse, pues utilizan las ondas para conseguir comida.

La vegetación también es afectada por la contaminación acústica porque cambian las relaciones entre las especies de los ecosistemas. Los procesos de polinización  y dispersión de semillas en diversos ecosistemas han cambiado porque el ruido incide directamente en los animales que permiten la normalidad del proceso.

La intensidad del ruido

En el ser humano también hay repercusiones. La intensidad del nivel se mide en decibeles (dB), comenzando en el umbral de la audición (0dB), que es el nivel mínimo capaz de impresionar el oído humano, es decir, la intensidad o presión necesarias para que un sonido pueda ser percibido por nosotros. A medida que va subiendo, el sonido puede ser tolerado por nosotros hasta el umbral del dolor (120dB), un nivel en el que pasa de ser incómodo a tener consecuencias directas en nuestra salud.

Con sonidos de poca intensidad, como el campo de noche (30dB) o una biblioteca (40dB), es posible que te encuentres tranquilo y apacible. Con otros como la bocina de los automóviles (90dB), además de molesto vas desgastando el aparato auditivo y una vez se superan los 100dB (discoteca o sirena muy cercana),  se produce un dolor leve que puede perjudicar nuestro estado de ánimo y que aumenta cuando escuchas, por ejemplo, el despegue de un avión a menos de 25 metros (160dB), generando incluso la rotura del tímpano.

image003Imagen: Pixabay

En materia de regulación, la OMS recomienda que en una ciudad en la noche solo se escuchen hasta 30 y en el día 55dB. Sin embargo, las mediciones arrojan que la cifra real oscila entre 35 y 85dB, superando así el límite aceptado de 65dB para prevenir daños en la salud a mediano y largo plazo. De allí surgen iniciativas como el Día Internacional  de la Conciencia sobre el Ruido, en el que se propone, por lo menos durante un minuto, hacer silencio: apagar motores de carro, televisores, equipos de sonido y cualquier dispositivo que produzca sonidos.

¿Qué enfermedades produce?

En diferentes investigaciones, como la de Chalmers University of Technology, en Suecia, se encontró que la exposición durante un periodo largo de tiempo a ambientes ruidosos está asociada con pérdida de sueño, presión sanguínea elevada, dolor de cabeza, problemas digestivos y cardiovasculares, bajo rendimiento y pérdida de audición.

La falta de tranquilidad que produce el ruido, así su intensidad no sea cercana al umbral del dolor, contribuye poco a poco con males como el insomnio, el estrés, y la irritabilidad, que a su vez desarrollan en nosotros otro tipo de dolencias.

Aunque no lo ves, el ruido puede cambiar tu vida y algunos incluso proponen que es la razón de casos de sordera a nivel mundial. No existe una forma en la que puedas controlar qué escuchas y qué no en la calle, pero sí puedes hacer cambios en tu vida diaria, como bajar el volumen a los dispositivos que utilizas para el entretenimiento (apágalos durante el almuerzo o la comida), evita el uso de las bocinas en los carros y denuncia ante las autoridades ambientales si tienes problemas cerca de tu casa, como el ruido que producen las construcciones y las discotecas. Hay una regulación al respecto y es necesario inspeccionar si se cumplen con las normas.

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